HORMONAS

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En el tratamiento hormonal del antiaging hay dos conceptos fundamentales que explicaremos brevemente: la modulación y la optimización hormonal.

A partir de los 20 años comienza a producirse un descenso en las concentraciones sanguíneas de ciertas hormonas: hormona de crecimiento (GH), testosterona, dehidroepiandrosterona (DHEA) que son los responsables de muchos de los fenómenos que aparecen en la vejez. Estas hormonas tienen unos efectos similares sobre el medio interno y la composición corporal, como son: aumento de la masa muscular y masa ósea, reducción de la grasa corporal (fundamentalmente la abdominal) y la grasa visceral, disminución de la glucemia y las necesidades de insulina, disminución del colesterol “malo” y aumento del colesterol “bueno”, disminución de los triglicéridos, disminución de la tensión arterial, aumento del rendimiento físico, aumento de la función cognitiva (mejoran la memoria, la atención y capacidad de ideación), aumento del deseo y la potencia sexual, mejoría de la sensación de bienestar emocional y mejoría de la salud cardiovascular. Estos efectos beneficiosos hacen que estas hormonas sean conocidas como las “hormonas del bienestar”.

Por el contrario, con el paso de los años hay otras hormonas que sufren un aumento de sus niveles séricos: insulina y cortisol. Estas dos hormonas están relacionadas con la producción de hipertensión arterial, obesidad central, dislipemias (aumento de colesterol “malo” y triglicéridos), resistencia a la insulina y aumento del riesgo cardiovascular.

En el tratamiento antiaging tenemos que conseguir más que aportar unas hormonas concretas conseguir una “modulación hormonal”, valiéndonos de todos los medios a nuestro alcance, para conseguir aumentar los niveles de las “hormonas del bienestar” (GH, DHEA y testosterona) y reducir los niveles de insulina y cortisol. Para ello podremos emplear las hormonas propiamente dichas, sus precursores y/o agentes estimuladores de su secreción (secretagogos); así como la dieta y el ejercicio físico, que como hemos visto al hablar de los mismos, poseen efectos sobre la secreción de estas hormonas.

El rango de normalidad de algunas de estas hormonas es muy amplio y muy variable de unos laboratorios a otros. Si tomamos como ejemplo los valores de somatomedina C (que es la sustancia que se emplea habitualmente en la clínica diaria para valorar la acción de la hormona de crecimiento) de un laboratorio concreto, vemos que el rango de normalidad varía entre 70 y 800 nanogramos (ng)/mililitros (ml). Es decir, que un sujeto con un valor de 70 ng/ml de somatomedina C estará sano y, que un sujeto con 800 ng/ml también estará sano. Esto es cierto, pero visto los efectos que tiene la hormona de crecimiento, aún estando los dos sujetos sanos no es lo mismo tener 70 ng/ml que una cantidad más de 10 veces mayor que ésta en sangre. Así pues con el concepto de “optimización hormonal”, lo que pretendemos es mantener los niveles de estas “hormonas del bienestar”, siempre dentro del rango de normalidad, pero en valores cercanos al 70 u 80% de los que tienen los sujetos normales en la franja comprendida entre los 20 y 30 años de edad, al entender esta franja como la más representativa de la juventud en la vida de una persona.